El panorama de la inteligencia artificial ha dejado de ser puramente conversacional. Tras la explosión de la IA generativa, el ecosistema tecnológico afronta su evolución más profunda: la era agéntica, en la que los sistemas no solo responden preguntas, sino que razonan, planifican, interactúan con el mundo real y toman decisiones de forma autónoma. El pasado día 1 de junio se presentó en la sede universitaria de la Universidad de Alicante el libro «IA autónoma y sistemas multiagente. Cómo los agentes redefinen la economía, el trabajo y la burocracia zero-click » un libro coescrito por el economista y ex Rector de la Universidad de Alicante Andrés Pedreño, junto a los ingenieros Andrés Desantes de Mergelina y Joaquín Pedreño. Con prólogo de José Vicente Morote, Presidente de Andersen Iberia, la obra no es un manual técnico al uso, sino una hoja de ruta estratégica y jurídica para empresas e instituciones.

Del derecho romano a las multas europeas: la correa de la IA

Carlos Rodríguez, socio de Andersen Iberia, abrió las ponencias aportando la perspectiva legal y recordando que el problema de la autonomía no es nuevo. Ya en la antigua Roma, si un ciudadano soltaba un animal y este causaba daños, la responsabilidad recaía sobre el propietario por no haberle puesto una correa. Con los agentes de IA ocurre exactamente lo mismo: esa correa son los guardarraíles normativos, y quien los omita no podrá alegar ignorancia.

La advertencia tiene cifras concretas. Con los nuevos proyectos europeos de buen gobierno de la IA, las empresas que operen sistemas multiagente sin la debida supervisión humana podrían enfrentarse a sanciones de entre 500.000 euros y el 7% de su facturación global.

«Cuando se suelte una IA, nadie podrá escudarse en la ignorancia si no se fijaron las salvaguardas adecuadas.»
Carlos Rodríguez, socio de Andersen Iberia

Construir con límites, la importancia de la arquitectura técnica

Andrés Desantes de Mergelina explicó cómo ese arnés normativo se traduce en ingeniería de software. Recurriendo a la cultura pop, señaló que la verdadera revolución de la IA no es la armadura física de Iron Man, sino Jarvis: la inteligencia que coordina sistemas y actúa en tiempo real. Los modelos de lenguaje son solo el cerebro; lo que importa es la arquitectura que los rodea —memoria, contexto y permisos—, porque un error de diseño puede tener consecuencias graves: desde la inyección de instrucciones fraudulentas en procesos judiciales hasta el borrado accidental de bases de datos.

Para evitarlo, el libro defiende el uso de agentes híbridos basados en dos principios: el de mínimo privilegio y dar a la IA acceso solo a los datos estrictamente necesarios y el de mínima agencia  es decir otorgar autonomía únicamente donde aporte un valor real y seguro.

La «Santísima Trinidad de la IA» y el deber de ser valientes

Andrés Pedreño ofreció una reflexión económica y filosófica sobre el momento actual. Comparó la evolución tecnológica con una trinidad: el cerebro biológico como el Padre, el algoritmo como el Hijo, y la fusión de talento e inversión multimillonaria como el Espíritu Santo que lo impulsa todo.

Pedreño subrayó las cifras vertiginosas de la industria, con inversiones masivas de EE. UU. y China orientadas a alcanzar la Inteligencia Artificial General, y destacó que los modelos actuales ya han aprendido a mejorarse a sí mismos. Su mensaje fue de valentía colectiva «del mismo modo que las primeras comunidades humanas se quemaron con el fuego pero aprendieron a dominarlo, hoy toca asumir riesgos controlados y mantener una mente abierta ante la mayor revolución de nuestro tiempo»

La universidad ante el reto de la era agéntica

La rectora de la Universidad de Alicante fue la encargada de cerrar el acto, destacando la calidad y el carácter visionario de los autores. Como jurista y gestora académica, planteó la urgencia de replantear el modelo educativo: en un entorno donde cualquier estudiante puede acceder al conocimiento de un profesor en cualquier momento y lugar, la institución debe dar un giro radical hacia la enseñanza de la responsabilidad, la conciencia crítica, los valores constitucionales y la ética.

En ese mismo sentido, señaló que dado que la IA ya es capaz de resolver cuestiones de derecho positivo o diseñar estrategias procesales, lo verdaderamente diferencial de la formación universitaria ya no puede ser la transmisión de conocimiento técnico, sino la formación de personas íntegras y responsables.

«La IA ya puede resolver el derecho positivo o buscar la mejor estrategia procesal. El foco educativo debe girar hacia la responsabilidad, los valores y la ética.» dijo la Rectora de la UA.

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